
En esta tumba tan sencilla sin epitafio están los restos de Juan Sebastián Bach, en la misma iglesia donde fue director musical desde 1723 hasta su muerte en 1750.
El puesto de director musical implicaba componer obras para esta iglesia y para la de San Nicolás, dirigir los coros (el de esta iglesia es todavía hoy el más famoso de Alemania, y tiene su origen en 1212), supervisar las actividades musicales de muchas iglesias municipales y enseñar latín en la escuela del coro de Santo Tomás. Era un trabajo tan exigente que varios músicos habían dejado este puesto. Allí se mantuvo activo Bach durante 27 años, hasta el momento de su muerte, incluso después de quedarse ciego. Su última obra se la dictó a su yerno unos días antes de morir.